" ¿Cuantas veces se puede romper un corazón y esperar que siga latiendo? " - Luna Nueva de Stephenie Meyer. El mío no ha sido roto hasta ahora. Y no creo que suceda alguna vez. Sonará en extremo petulante, frío e insensible, pero creo que yo si lo he hecho a otras personas. Claro que si ellos no creen que el corazón sea en verdad el almacén que guarda ese sentimiento llamado "amor", sino que es todo un producto del cerebro, algo simplemente psicológico -como pienso yo-... Entonces nunca lo he hecho y me deshago de un peso de culpabilidad que me acecha cuando pienso mucho sobre los temas del pasado.
Pero dudo que haya más personas que piensen y sientan como yo.
Además...
Sigo pensando. Y recordando.
La culpa permanecerá, al menos por un tiempo.
Y volveré hacerlo, de eso estoy segura.
Sería mejor que todos nos deshagamos del concepto del corazón ligado al del amor. Al fin y al cabo es un órgano que sólo te mantiene con vida... nada más.*
Después de devolverle la vida a mi computadora (que en verdad, nunca murió, hubo un problema de tomacorrientes y enchufes - y ahora me siento mal de haber acusado a mi prima de malograrla) pude releer todos las historias y "fics" (escritos de fans que toman personajes famosos que existen en la realidad) y me percaté con cierta culpa que antes escribía con más corazón, es decir, vertiendo mucho de mis problemas personales en historias que si bien no me ocurrieron a mí (y tal vez nunca me ocurrirán), me servían como una especie de terapia para plasmar aquellos pensamientos y emociones que muchas veces callo y tal vez nunca me atreveré a decirlos en voz alta.
Por otro lado, me puse a pensar que muchas de los temas que planteaba en ese entonces; válgase decir, entre el año 2006 y 2007, ya los he superado y por eso ahora no encuentro que más hablar sobre mis traumas. Entonces, la superación en sí, es mala para la inspiración. Injusto, si es que utilizo el desfogue literario como puente entre mis ideales y mi razón.
Claro, aún me quedan muchas cosas por superar. Mucho tiempo que vivir que me dará más decisiones de las que retractarme, o más superfluas o genuinas alegrías de las que después meditaré. Mis dos décadas de vida han sido llevadas en una burbuja impermeable a la verdadera adversidad. Y por más consciente que este desde hace años de que ella pronto se reventará, no hace más que aterrarme.
Todo podría resumirse en una sólo palabra: Madurar.
Es concisa, es certera, es inexorable, es simple; también es abrumadora, difícil, real y tremendamente complicada.